¡Santiago y cierra, Euskadi!

La noticia surgió el 3 de diciembre, y dio lugar a ciertas (comprensibles) chanzas: el Gobierno Vasco modificaba el Calendario Laboral y declaraba como día festivo el 25 de julio, el día de Santiago, Patrón de España.

Pero más allá de las bromas, ¿qué había suscitado este cambio? Echemos la mirada hacia atrás.

Euskal Herria, como tal, no ha tenido una fiesta histórica tradicional, como ha podido ser la Diada en tierras catalanas. Para cubrir esa carencia, el PNV instituyó en 1932 el Aberri Eguna (literalmente “Día de la Patria”), tomando como fecha de celebración el Domingo de Resurrección. Se ha sostenido que se escogió esta fecha por tratarse del día en el que Sabino Arana “descubrió” el nacionalismo de la mano de su hermano Luis (“Pero el Domingo de Resurrección de 1882, ¡bendito el día en que conocí a mi patria!”), pero esta explicación no es nada segura, pudiendo estar tras la elección de la fecha simplemente la voluntad de marcar el simbolismo del día (la “resurrección” de la Patria Vasca).

Esta fiesta siempre tuvo un carácter marcadamente nacionalista, aunque el PSOE se sumó a ella en los años 70 (dejó de hacerlo en 1979). Una vez se constituyó la Comunidad Autónoma Vasca, hubo sectores que siguieron echando en falta la existencia de una festividad “neutra” que pudiera celebrarse en dicha comunidad autónoma. Por ello, con la llegada de Patxi López a la lehendakaritza, el Gobierno Vasco decidió dejar de lado las fechas con significación religiosa e instituir una nueva festividad oficial: el 25 de octubre, conmemoración de la firma del Estatuto de Gernika (y del día de la abolición de los Fueros), a la que llamaron “Día del País Vasco“. Esta fecha nació por iniciativa del PP, y con el apoyo del partido en el Gobierno, PSE-PSOE, y UPyD.

Ya en 2011 el PNV avanzó su intención de contemplar su sustitución por una fiesta que gozara de mayor consenso. Y, tras recuperar el Gobierno Vasco en 2012, el 14 de noviembre de 2013, con varios votos de EH Bildu, el PNV derogó la ley que declaraba festivo el 25 de octubre, y comenzó un proceso de dilucidación sobre su posible sustitución.

Se discutieron varias opciones. EH Bildu, por ejemplo, propuso el 3 de diciembre, festividad de San Francisco Javier, en la que ya se celebra el Día de Navarra y, sin caracter festivo pero sí con cierta participación institucional, el Día Internacional del Euskera.

Pero finalmente se impuso una opción ligeramente sorprendente: el 25 de julio, Santiago Apóstol, sería el nuevo festivo oficial. Pero no sustituiría al “Día de Euskadi” como fiesta oficial de la Comunidad Autónoma, pues el PNV declaró que hacerlo sin un consenso suficiente sería volver a caer en el mismo error que achacaba a PSOE, PP y UPyD.

¿Y por qué Santiago? No tengo claras las razones por las que se han llegado a esta decisión, pero sí es cierto que no se puede decir que se trate de un día sin tradición en estas tierras. Santiago Apóstol es, por ejemplo, el copatrón de la villa de Bilbao (junto a la Virgen de Begoña), y da su nombre a su Catedral (probablemente por estar situada la villa en el ramal norte del Camino de Santiago). En Vitoria-Gasteiz se trataba también de una fiesta de especial significación, en la que se celebraba desde 1926 el “Día del blusa“, las cuadrillas que amenizan las fiestas patronales que se celebran poco después. El Alcalde de Vitoria, Javier Maroto, del PP, ya había insistido en que se declarara como festivo este día por su tradición en Vitoria. El día de Santiago marcaba también las fiestas patronales de pueblos como Busturia, Ermua, Etxebarria, Gordexola, Gorliz o Zalla (por mencionar sólo pueblos de Bizkaia).

En resumen: no se trata de que el PNV haya decidido sustituir el “Día de Euskadi” por el “Día de España”, sino que se ha escogido, para el año 2014, una festividad de cierto arraigo, pero se ha dejado nuevamente pendiente el debate sobre una fiesta oficial unificada. Quien lo considere necesario tendrá que seguir insistiendo.

El euskera de Burdeos

Julio César, en sus Comentarios a la Guerra de las Galias, hizo una distinción principal al hablar de los pueblos del norte de los Pirineos, el famoso “Galia est omnis divisa in tres partes”: “Toda la Galia se encuentra dividida en tres partes: una de estas la habitan los belgas, otra los aquitanos, la tercera los que se llaman celtas en su lengua y en la nuestra galos. Todos estos se diferencian entre sí por la lengua, costumbres y leyes. El río Garona separa a los galos de los aquitanos.” Estrabón, en su Geografía, incidía en esta diferencia: “Los aquitanos son completamente diferentes no sólo lingüística sino corporalmente”.

Map_Gallia_Tribes_Towns[1]Parece claro que en el primer siglo de nuestra Era existía un pueblo diferenciado, con una lengua propia, en el triángulo situado entre el río Garona (que nace en Arán y muere en Burdeos, pasando por Toulouse), el oceano Atlántico y los Pirineos. Esta zona fue llamada “Aquitania” por César, y “Novempopulania” después, cuando Diocleciano dio el nombre de “Aquitania” a una zona mayor.

¿Hay forma de saber lo que se hablaba en esa zona, cuál era esa lengua que los diferenciaba del resto de “galos”? Una de las principales formas de llegar a ello es la de analizar las inscripciones romanas de esa época. Las inscripciones aquitanas son relativamente numerosas, están escritas en latín, pero contienen unos 70 nombres de divinidades y 400 nombres de personas (los difuntos, sus padres, o las personas que dedican las inscripciones). Y la mayor curiosidad es que un número elevado de estos nombres son perfectamente reconocibles como euskera antiguo.

Hay raíces como ANDERE (actual “andere”, “mujer”), CISON (“gizon”, “hombre”), NESCATO (“neskato”, “niña”), UMME (“ume”, “bebé”), SEMBE (“seme”, “hijo”), HARS (“hartz”, “oso”), ASTO (“asto”, “burro”), SESEN (“zezen”, “toro”), GORRI (“gorri”, “rojo”), SAHAR (“zahar”, “viejo”), BERRI (“berri”, “nuevo”), ILUN (“ilun”, “oscuro”), entre bastantes otros (una lista mayor aquí). El género de estos nombres, cuando se puede deducir de la inscripción, coincide con el que esperaríamos por el euskera: NESCATO o ANDERE son nombres femeninos, CISON o SEMBE son masculinos, etc.

Estas inscripciones parecen indicar que, efectivamente, en el siglo I el territorio del euskera llegaba hasta Burdeos y Toulouse (aunque el mapa de las inscripciones localizadas actualmente no llega hasta la propia ribera del Garona, quedándose algo en el interior). Pero ¿existen otros indicios?

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Mapa de la interesante página Basque Medieval History

Sigamos con la historia de este territorio. La Aquitania de César (Novempopulania de Diocleciano), tras pasar a ser controlada por los francos y lidiar con los visigodos durante un tiempo, reaparece en los mapas sobre el año 600 con un Ducado otorgado por los francos, y su nombre es Ducado de Vasconia. De esta “Vasconia” surge el nombre actual de la región de “Gascuña” (todo ello en el mismo territorio).

Y hoy en día quedan ya pocos trazos de todo ello. Por supuesto, en el extremo suroeste hay tres pequeñas zonas donde se ha mantenido el euskera aún hoy: Lapurdi/Labourt (con capital histórica en Hasparne, y actualmente en Bayona), Zuberoa/Soule (con capital en Maule), y la merindad de la Baja Navarra, que se quedó fuera de Castilla cuando la anexión de 1512. En el resto de Gascuña quedan pocos rastros en la toponimia. Uno de los más destacables son los topónimos en -òs. El caso típico es Biscarrosse (en las Landas, cerca de Arcachon), que tiene un paralelo exacto en el pirineo aragonés, Biscarrués, proviniendo ambas de “Bizkarrotz”, probablemente de “bizkar”, “ladera”, y, aunque la segunda parte ha sido relacionada con “hotz”, “frío”; parece más bien provenir del sufijo aquitano -OSSU.

Pero existe un testigo mucho más importante. Hoy en día, en todo el territorio de la Gascuña se habla una lengua llamada “gascón”, relacionada con las lenguas de oc (provenzal, languedociano, etc), pero que presenta grandes diferencias con ellas, diferencias que en gran medida se pueden trazar a un substrato vasco (como ya describió mi amigo Asier en nuestro blog FilóbLogos). Aunque se dice que el castellano es “el latín hablado por vascos”, hoy en día no se ve tan clara esta influencia; el verdadero “latín hablado por vascones” es, precisamente, el gascón.

510px-CarteLimitesGascogne[1]¿Y qué pasaba en el siglo I al sur de los Pirineos? Esta es otra interesante discusión; baste por ahora decir que sólo se ha descubierto una inscripción similar a las aquitanas, en Lerga (Navarra). Pero de esto podremos hablar otro día.

Termino con un par de notas. Sí, el título del artículo es sensacionalista :) Las inscripciones, y las configuraciones territoriales posteriores, parecen indicar que Burdeos no llegaba a ser parte de la zona aquitana (con Toulouse hay más dudas). Pero no se puede descartar que no lo fuera en un momento previo. Y, por supuesto, saber qué ocurría en toda esa zona antes de la llegada de los celtas está muy lejos de nuestras posibilidades.

Y la segunda nota: saber la extensión máxima del euskera nunca ha tenido la más mínima influencia en la reivindicación territorial del nacionalismo vasco (salvo alguna rara excepción). Los territorios que se identifican como propios son aquellos que, en su territorio actual, mantienen hablantes nativos de euskera. Por eso nunca se han llegado a reivindicar seriamente ni la Rioja, ni el norte de Burgos, ni la Gascuña; sólo las siete provincias en las que hoy en día, poco o mucho, aún se habla euskera.

Para más sobre el tema de las formas antiguas de euskera y sus posibles parientes, la referencia principal aún hoy es El euskera arcaico. Extensión y parentescos, de Luis Núñez Astrain, un libro muy serio y documentado y que recomiendo para profundizar en esta cuestión.

El hombre que creó todos los nombres

Me encantaría saber si existe un fenómeno similar en la historia, la verdad. En el año 2000, de los 25 nombres de pila masculinos más empleados entre los ciudadanos de la Comunidad Autónoma Vasca, el 40% habían sido inventados por una única persona, cien años atrás.

Muchos conocen el caso. Hasta el siglo XX, los vascos, como cualquier otro pueblo de alrededor, escogían los nombres de sus hijos basándose en dos criterios principales: nombres ya presentes en su árbol familiar, y nombres del santoral cristiano, en sus versiones tradicionales en euskera en un primer momento, y en la forma castellana después. Hay un buen artículo de Jose Mª Satrustegi, disponible en versión trilingüe en la página de Euskaltzaindia: Historia de los nombres de persona, que da detalles y ejemplos históricos de estas tendencias.

ImagenPero todo cambió en 1897. Sabino Arana, el padre del nacionalismo vasco, buscaba una forma de que los vascos pudieran seguir teniendo nombres “cristianos” sin tener que emplear las formas castellanas. Podía haber hecho entonces un estudio filológico y haber recuperado las formas vascas tradicionales de dichos nombres, pero detectó un problema: esas formas tradicionales muchas veces eran adaptaciones fonéticas de las formas latinorromances, y, en su afán de purismo para con la lengua, no podía aceptarlo.

De manera que en dicho año 1897 publicó su “Egutegi Bizkattarra” (“Calendario Vizcaino”), que fue completado en 1910 por Luis de Eleizalde, llamándolo “Deun-Ixendegi Euzkotarra” (“Santoral Vasco”). Y propuso para la práctica totalidad de nombres de santos versiones inventadas por él siguiendo un criterio específico: acudir no a la forma romance del nombre sino a la raíz de dicho nombre en su (supuesto) idioma original, y una vez encontrada ésta, aplicarle una serie de reglas fonéticas dudosas para “vasquizarlo”; por último, dada su opinión de que los nombres vascos de varón debían acabar en –a y los de mujer en –e (por una teoría presente en el siglo anterior de que eran éstos los primeros sonidos que niños y niñas aprendían a pronunciar), modificó así la terminación de muchos de ellos.

La polémica que causó dicho nomenclátor la describe bien Henrike Knörr aquí. El mismo Arana no tuvo confianza en que sus nombres fueran aceptados. Pero ya hemos dado el dato del año 2000; el artículo sobre Sabino Arana de la Wikipedia menciona un estudio según el que ya en 1935 en determinadas zonas la incidencia de estos nombres era del 24%; y hoy en día siguen estando muy presentes.

Comentaré pues aquí el origen de varios de los “nombres sabinianos” más usados actualmente.

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  • JOSU (es de justicia empezar con mi propio nombre). Equivale a “Jesús”. Arana y Eleizalde lo trazaron a “Jheossuang”, y aplicaron la monoptongación de “eo” en “o” y de “ua” en “u”; curiosamente, aquí no mantuvieron la terminación en –a.
  • KOLDO. Forma acortada de la propuesta por Arana y Eleizalde “Koldobika”. Equivaler a “Luis”. Trazaron su origen en “Hlodovick” (evolucionó en romance por medio de “Ludovicus”). Asumieron que la “h” correspondía a una prounciación “k”, disolvieron la secuencia de muta cum liquida “kl” con una vocal epentética, y modificaron la terminación a –a.
  • KEPA. Equivale a “Pedro”. Este nombre fue en su origen un pseudónimo dado por Jesús de Nazaret a su discípulo Simón, y significa “piedra”; pero en las primeras versiones de la Biblia no se usaba la forma latina sino la aramea, “Cephas” (pronunciado “Kefas”). Arana y Eleizalde tomaron esta forma, asumieron el cambio de grafía y la sustitución (relativamente habitual) de F>P y eliminaron la última consonante.
  • JOSEBA. Equivale a “José”. Arana y Eleizalde trazaron su origen en “Joseph”; sustituyeron en este caso PH>B (en vez de por P, como en otros nombres) y añadieron la –a final.
  • GORKA. Equivale a “Jorge”. Arana y Eleizalde buscaron su origen en “Georges” (con las dos “g” oclusivas), monoptongaron “eo” en “o”, cambiaron la segunda “g” por “k” y modificaron la terminación.
  • Otros nombres: Jon (equivale a “Juan”, proviene de “Ioannes”); Ander (equivale a “Andrés”,  proviene de “Andreas”); Julen (equivale a “Julián”, proviene de “Iuliannus”); Markel (equivale a “Marcelo”, proviene de “Marcellus”); Andoni (equivale a “Antonio”, proviene de “Antonius”); Imanol (equivale a “Manuel”, proviene de “Emmanuel”), etc.

Una nota adicional: otros de los nombres de su Nomenclátor no fueron creados por adaptación fonética de nombres anteriores, sino por la traducción literal (y muchas veces muy poco atinada) del significado del nombre equivalente. Esto dio lugar a nombres como Gaizka, equivalente a “Salvador”, por medio de un supuesto verbo “gaizkatu”, neologismo inventado por Arana para “salvar” (de “gaitz-“, “mal”), Unai (“pastor”, empleado por los autores como forma vasca de “Buen Pastor”) o Iker, forma masculina del femenino Ikerne, equivalente a “Visitación”, de la forma antigua “ikertu”, “visitar”.

Hago notar también que en los nombres femeninos, las variantes “sabinianas” tuvieron mucha menos aceptación: en la lista de 25 más populares del año 2000 sólo aparecen Ane (equivalente a “Ana”) y Jone (“Juana”).

Y una última nota: si bien el 40% de los nombres masculinos del año 2000 tenían este origen, en el otro 60% tenemos irreprochables nombres de origen medieval o anterior (Mikel, Íñigo/Eneko, Xabier/Javier, Oier, Beñat), nombres castellanos (como Adrián, Pablo, Álvaro o David), traducciones modernas (Ibai, “río”)… y sí, otros nombres también creados de la nada, pero por otros autores anteriores, como el caso de Asier y Aitor, de los que se podrá hablar otro día.

Para quien quiera leer el Deun-Ixendegi en su versión original, aquí tiene un facsímil: Deun-Ixendegi Euzkotarra.

Los once meses en que los vascos gobernamos España

El debate interno en el Partido Socialista sobre la necesidad de un cambio de líderes de cara a las próximas elecciones generales ha hecho surgir una posibilidad curiosa: la de que un vasco vuelva a gobernar España. Dos de los candidatos que llevan un tiempo sonando con fuerza para alzarse con el liderazgo del partido, y que serían Presidentes de Gobierno en caso de que el PSOE obtuviera una mayoría suficiente, son Patxi López (antiguo lehendakari del Gobierno Vasco) y Eduardo Madina, actualmente secretario general del grupo parlamentario en el Congreso. Y si esto ocurriera, nos encontraríamos ante una situación que ha ocurrido en contadas ocasiones en la historia de España.

De hecho ¿había ocurrido alguna vez? Por más que echara la vista (o la memoria) atrás, no recordaba ningún Presidente de Gobierno vasco (ni incluyendo navarros) en toda nuestra historia reciente. Así que decidí investigarlo. Fue sencillo: la Wikipedia tiene una magnífica página llamada “Presidente del Consejo de Ministros de España”  (que ha sido el nombre oficial del cargo de Presidente de Gobierno hasta la Constitución actual, con el solo paréntesis de la Dictadura franquista). En esta página encontramos listadas con todo detalle todas las personas que han sido cabeza del Poder Ejecutivo en España desde 1833.

Así que me puse a localizar en ella a los Presidentes que hubieran nacido en alguna de las actuales provincias de Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y Navarra. Éste es el resultado.

Es sabido que ninguno de los Presidentes que ha habido desde el franquismo han sido vascos (ha habido un gallego, un andaluz, dos castellanos y dos madrileños). Durante el franquismo hubo varias figuras análogas a la del Presidente del Consejo de Ministros, pero ninguna de las personas que ocuparon esos cargos fueron tampoco vascos. Tampoco hubo más suerte en el gobierno republicano en el exilio, de hecho. La Segunda República no contó tampoco con ningún Presidente de estas provincias.  Pero alrededor de 1920 encontramos por fin al primero.

ImagenManuel Allendesalazar y Muñoz de Salazar nació en Guernica en 1856. Su apellido denota su abolengo (fue el IV Conde de Montefuerte); pero antes de comenzar su carrera política se licenció como ingeniero agrónomo. Militó en el Partido Liberal-Conservador, y durante varias décadas ejerció primero como diputado y luego como ministro (llegando a ser incluso alcalde de Madrid). Finalmente el rey Alfonso XIII le encargó presidir el Gobierno durante un periodo corto: del 12 de diciembre de 1919 al 5 de mayo de 1920 (sí, del 12/12 al 5/5): 4 meses y 24 días. Pero ocurrió que su sucesor, Eduardo Dato, fue asesinado, con lo que tuvo que ocupar nuevamente el cargo el 13 de marzo de 1921, perdiéndolo definitivamente durante el Desastre de Annual el 14 de agosto: 5 meses y 2 días. En total, este guerniqués gobernó España durante 9 meses y 26 días.

No encontramos ningún otro Presidente vasco durante el reinado de Alfonso XIII, ni durante la Regencia de María Cristina, ni durante Alfonso XII (también es verdad que si no te llamabas Cánovas o Sagasta era muy difícil que llegaras a Presidente). No hay tampoco suerte en la Primera República, ni con Amadeo de Saboya (y ya estamos llegando a mediados del siglo XIX). Pero finalmente recordamos a un conocido político navarro que llegó a gobernar España durante el Gobierno Provisional que siguió al destronamiento de Isabel II.

Pascual Madoz, nacido en Pamplona en 1806, fue nombrado Presidente de la Junta Provisional Revolucionaria el 30 de septiembre de 1868. Pero es cierto que su labor de gobierno tampoco fue especialmente fructuosa: sus divergencias con el resto de dirigentes del Gobierno Provisional le hicieron abandonar el cargo el 3 de octubre… sí, 4 días después. Así que Madoz gobernó España durante 4 días. ¿De dónde le viene su fama entonces? De dos cosas: la Desamortización de Madoz, que aprobó cuando era Ministro de Hacienda, y el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España, una importante obra que publicó en 1850. Pero sí, no aportó demasiado que digamos a la gobernación de España como Presidente.

Así que hay que continuar. Y nos fijamos ahora en el reinado de Isabel II. Y sí, durante estos años sí que tenemos dos aportaciones más a nuestro por ahora escaso listado: el tafallés Florencio García Goyena, y el oyonés Salustiano Olózaga.

Florencio García Goyena nació en Tafalla en 1783. Como jurista escribió varias obras sobre los Códigos criminal y civil de la época, y de hecho fue uno de los principales responsables de la redacción del Código Civil de 1851. Pero no tuvo la misma relevancia como Presidente: fue nombrado el 12 de septiembre de 1847, y duró en el cargo 22 días, tiempo en el que intentó pacificar la política española, lo que no gustó a Narváez, que maniobró para hacerle perder el poder. Hombre de vida muy interesante, pero nuevamente, de vida presidencial breve.

Salustiano Olózaga, por su parte, nació en la localidad alavesa de Oyón en 1805 (aunque residió en Madrid desde los 14 años). Participó en varias de las conspiraciones liberales de la época, y llegó a ser preceptor de la reina Isabel II (y, se rumorea, también su primer amante). Ésta, recién cumplida la mayoría de edad, le nombra Presidente el 20 de noviembre de 1843. Pero -¿alguien se sorprende?- el Notario Mayor del Reino, Luis González Bravo, le acusa de haber obtenido ese nombramiento violentando la voluntad y la persona de la Reina, con lo que, tras varios días tumultuosos, Olózaga decide huir a Francia el 29 de noviembre. Una vez más, un Presidente vasco había gobernado España durante 9 días.

Pero poco antes, durante la Regencia de Espartero, habíamos tenido nuestro último Presidente guipuzcoano.

Joaquín María Ferrer y Cafranga nació en 1777 en la localidad marinera de Pasajes de San Pedro. Fue militar en el Perú, diputado durante el Trienio Liberal, Ministro de Hacienda un solo día (ya sabíamos que la volatilidad en los cargos era habitual, pero esto parece demasiado), y el 10 de mayo de 1841 fue nombrado Presidente, ya con Espartero como regente. ¿Cuánto duró en el cargo? Pues más o menos lo de siempre: 10 días, hasta el 20 de mayo del mismo año. Desde entonces ejerció como senador vitalicio, puesto que no abandonó hasta su muerte en el año 1861.

Y uno más, finalmente, en la Regencia de María Cristina: el Géneral Álava. Sí, parece como el Capitán América en autóctono, pero es que se llamaba Miguel Ricardo de Álava y Esquível. Nació en Vitoria en 1772. Participó como militar en las batallas de Trafalgar y de Waterloo (se dice que es la única persona que participó en ambas). En la Guerra de la Independencia apoyó al bando patriota, pero no sin muchos titubeos. Apoyó la destitución de Fernando VII; y su Presidencia fue, no sólo breve, sino además simbólica: fue Presidente del 14 al 25 de septiembre de 1835, pero en realidad nunca llegó a aceptar el cargo, permaneciendo en Londres como embajador durante todo este tiempo. Aún así, como nuestras cifras no nos permiten desechar ni un solo día, incluiremos también este periodo en este listado: 11 días.

Así que recapitulemos. Éstos han sido los Presidentes de Gobierno de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra que ha tenido España desde la muerte de Fernando VII y el fin del Antiguo Régimen:

Manuel Allendesalazar y Muñoz de Salazar

Entre 1919 y 1921

9 meses y dos días
Pascual Madoz

1868

4 días
Florencio García Goyena

1847

22 días
Salustiano Olózaga

1843

9 días
Joaquín María Ferrer y Cafranga

1841

10 días
Miguel Ricardo de Álava y Esquível

1835

11 días

Total de tiempo en que un vasco-navarro ha gobernado España: diez meses y veintisiete días. Y eso porque Allendesalazar rompe bastante la media, vaya.

Pero conste que no pretendo extraer ninguna conclusión de todo esto, ¿eh? Simplemente me ha parecido un conjunto de datos curioso, y una simpática mirada a nuestra historia cercana. Cualquiera de estos personajes, a pesar de sus cortas carreras presidenciales, han tenido vidas interesantísimas y en las que merece la pena profundizar. Pero ya es mucho por hoy.

La izquierda vasca: ¿hacia el eje PSE-Bildu?

Hace unos meses escribía sobre cómo el sistema de partidos vascos estaba, en mi opinión, en vías de simplificarse hacia un esquema cuatripartito sobre los ejes izquierda-derecha y nacionalismo-no nacionalismo. Las elecciones del 21 de octubre confirmaron, al menos por ahora, esta evolución, dejando sólo en el Parlamento Vasco a PNV, PP, PSE y EH Bildu (con la única excepción de UPyD, a mi entender, causada por el efecto distorsionador que aún supone que ETA no haya terminado de disolverse).

Una de las conclusiones que sacaba era que “una vez pase el tiempo suficiente para borrar los efectos electorales de ETA, veremos más opciones de pactos que las que hemos visto hasta ahora”, siendo una de las más claras la opción PSE-EH Bildu. De no haber sido por ETA, esto hubiera podido ocurrir hace mucho: a fin de cuentas un eje similar es el que trajo el “Tripartit” en Catalunya (coalición PSC-ERC-Iniciativa) en los 2000. Pero, obviamente, el PSE no podía tener una relación política normalizada con el partido que, cuando Fernando Buesa fue asesinado, su valoración fue que “sólo puede entenderse desde un sentimiento de fracaso colectivo” apelando a la “responsabilidad política de todos”.

Sin embargo, tres años después de los últimos asesinatos de ETA, tras la declaración de alto el fuego permanente de 2011, y la revocación por el Tribunal Constitucional de la ilegalización de Bildu, parecía que era cuestión de tiempo que la relación e incluso el trabajo en común entre los dos grandes partidos vascos de izquierdas comenzara a ser posible. Entendíamos, eso sí, que para que tal cosa pudiera ocurrir debería pasar un mínimo de una década, aparte de otras circunstancias como el desarme y disolución final de ETA, que aún no han ocurrido.

No obstante, en las últimas semanas ha habido varios movimientos que parecerían apuntar a una aceleración de este proceso. En concreto:

  • El 19 de diciembre, el PSE pactó con Bildu los Presupuestos Generales de Gipuzkoa (donde Bildu es la fuerza mayoritaria), declarando que había que “tender puentes” y “recuperar el diálogo”. La portavoz del PSE en las Juntas de Gipuzkoa fue más explícita: “el entendimiento entre partidos de izquierda es inevitable”, a pesar del “pasado doloroso y tormentoso” que existe entre ellos.
  • El 30 de diciembre, Idoia Mendía admitió que el PSE acordaría muchas cosas con Bildu, dado que compartían “visiones desde la izquierda”.
  • El 2 de enero, el secretario general del PSE en Álava defendió llegar a acuerdos con EH Bildu en vez de volver a “pactos indebidos con la derecha” (haciendo referencia al pacto con el que el PSE dio la diputación de Álava al PP; sí aprobó, sin embargo, el pacto con el PP que dio el puesto de lehendakari a Patxi López). Justificó su actitud aludiendo al “final de ETA como acontecimiento que cambiaría de raíz la política de pactos”.
  • El 10 de enero, el portavoz del PSE en el Ayuntamiento de San Sebastián apreció “voluntad de negociar los presupuestos” en Bildu.

En resumen, a pesar de que muchos de estos movimientos puedan entenderse como una forma de presionar al PNV y su Gobierno Vasco monocolor, el resultado puede ser que se acelere el acercamiento entre ambos partidos. Si un pacto global PSE-Bildu parecía imposible hasta dentro de varias legislaturas, quizás deje de parecerlo antes de lo que ahora creemos.

(Eso sí: el PSE no está siendo el único en ese camino. El presidente del PP de Gipuzkoa, Borja Semper, ha dicho hace poco en la revista JotDown que “El futuro de Euskadi se debe construir también con Bildu”, que “Bildu no es ETA”, mientras que Javier Maroto, alcalde de Vitoria por el mismo partido, ha apoyado llegar a “acuerdos en otros foros” con Bildu; siendo contestado duramente, eso sí, por Basagoiti)

De un año a otro año: notas sobre el calendario vasco

El comienzo del año es una buena excusa para traer unas reflexiones etimológicas (del estilo de las que junto a un amigo he hecho mucho tiempo en Filóblogos) relativas a los conceptos vascos antiguos para “año”, “mes” y “semana”. Advierto ya que no se van a poder sacar conclusiones de todo esto: muchas de las etimologías son muy oscuras, y hay muy pocos elementos para poder aclararlas en el futuro. Me baso en otro libro de Julio Caro Baroja, Sobre la religión antigua y el calendario del pueblo vasco, recomprado para la ocasión (aunque voy a tener que refrenarme, si voy a libro de este autor por post me va a salir caro).

Y empezamos precisamente por la palabra urte, “año”. Su etimología es poco clara, pero habitualmente se la ha relacionado con ur, “agua”. Morfológicamente parece muy sólido (-te es un sufijo antiguo de valor temporal, que aparece en palabras como como elurte “nevada”, de elur “nieve”, o sute, “incendio”, de su, “fuego”). Pero semánticamente cuesta encontrar la relación. ¿Puede hacer referencia a las épocas de lluvias, esto es, periodo de tiempo entre una época de lluvias y otra? Hoy en día al menos no se puede hablar en el País Vasco de una “época de lluvias” como existe en otras latitudes (la partición antigua del año parece que era simplemente en “verano”, uda, e “invierno”, negu, ambas de etimología totalmente oscura).

Pero existe una posibilidad de relacionar el agua, ur, con los términos del calendario, por medio de una muy antigua raíz, urtz- (con variantes dialectales ortz- y ost-). Su significado es de “cielo”, “bóveda celeste”, y debió estar asociada también a la idea de Dios (en el ya famoso Códice Calixtino, Aymeric Picaud, al pasar por tierras vascas, dejó escrito “Deum vocant Urcia”, “llaman Urtzi a Dios”). Además de “cielo”, tiene el significado de “trueno” en varias zonas. ¿Un paralelo de la raíz indoeuropea *DIEUS, que dio en latín IUPPITER (por medio de DIEUS-PATER), de significados parecidos? Apoya a este hipótesis el que el día “jueves” esté relacionado con este Dios tanto en las lenguas romances (IOVIS, genitivo de IUPPITER) como en las germánicas (el dios equivalente era THOR, de donde “thursday”), y que lo mismo ocurra en euskera: ortzegun, ostegun “jueves” (sería “día de Ortzi”).

Por otra parte, existe otra raíz que aparece a veces en paralelo a ortz- con la idea de “cielo” como “fuente de la luz”, que es la raíz egu-. Esta raíz está presente en eguzki (“sol”, que vendría a ser “luz del cielo”), egun “día”, ekain “junio” (descomponible a egu-gain, “altura de la luz”, interpretable como el solsticio de verano), ekaitz (“tormenta”, o “cielo malo”) o incluso un sinónimo para “jueves” paralelo al que ya hemos visto: eguen, “(día) del cielo”. Egu- podría ser la raíz más antigua para expresar “cielo”, siendo luego sustituída por ortz-, que como hemos visto, recoge conceptos de posible origen indoeuropeo (y posteriormente por la actual zeru, que proviene directamente del latín CAELUM).

El antónimo de esta raíz eg-, “luz”, parece ser il-, “oscuridad”. Si egun es “día” (periodo de la luz), ilun es “oscuridad” (periodo de lo oscuro); y si eguzki es “sol”, ilazki/ilargi es “luna”. Estas formas parece estar claramente asociadas (si no son la misma) a il/hil, “muerte” y también, y aquí volvemos al calendario, “mes”. Los vascos, según todos los indicios, contaban el año por meses: hilabete, “mes”; significa literalmente “luna llena”. Esto obviamente no es desconocido a otros pueblos: en inglés mismo es evidente la relación entre “month” (“mes”) y “moon” (“luna”).

Y en el nombre del primer mes, urtarril (“enero”) encontramos precisamente dos elementos ya conocidos: urtar-il “mes (o luna) del año (o de las aguas)”. Parece que este mes tenía una significación especial: de hecho, el día después del solsticio era eguberri, “día (o luz) nueva”, nombre que hoy se ha trasladado al día de Navidad. El resto de los meses parecen tener nombres derivados de las tareas agrícolas, cuando no tomados directamente del latín.

Y si del mes pasamos a la semana (aste), vemos que se ha relacionado habitualmente con asi/hasi (“empezar”). Sabemos que el concepto “semana” es bastante moderno y de origen judío, por lo que su adaptación en el calendario vasco ha tenido que ser bastante forzada. Parece que esta palabra indicaba otro periodo de tiempo, y que después se usó para designar éste. ¿Podría ser “comienzo (del mes”)? Esta idea se apoya en el nombre de los tres primeros días de la semana: astelehen, astearte, asteazken “lunes, martes, miércoles” que literalmente significan “principio, intermedio, final (del aste)”; se ha especulado, así, que el aste podría ser el “comienzo” del mes, tres días especiales que luego pasarían a ser los tres primeros días de la nueva “semana”. Otros términos se usaron igualmente para el resto de días, como igande, literalmente “subida” (otra vez el prefijo -te, con la “t” cambiada a “d” de forma regular ante nasal), que podría haber sido “plenilunio”, y que se usó para “domingo”. Ya hemos hablado del jueves, calcado del sistema latino (ortzegun o eguen); el lunes tiene otro sinónimo, ilen, “(día) de la luna”, que se explicaría también como calco de “lunes”, “monday”, etc.

Y todos estos datos, como se ve, inconexos, problemáticos y en definitiva muy oscuros, son la mayor parte de lo que sabemos sobre el antiguo calendario vasco: dos raíces antiguas (una quizás autóctona y otra indoeuropea), un sistema lunar primitivo (aunque quizás tampoco autóctono), y una adaptación forzada a las estructuras temporales que llegaron después. Datos muy poco seguros todos, pero no por ello menos apasionantes.

¿Por qué “Eusko Ekintza”?

El panorama político vasco se ha visto sobresaltado a finales de diciembre por la aparición de un nuevo partido: Eusko Ekintza (EEK) (“Acción Vasca”). Se enmarca sin dudas dentro de la “izquierda abertzale”, y asume que su “ámbito natural” en el campo institucional sería la coalición EH Bildu, por lo que en principio no supondria ninguna alteración en el mapa electoral.

Pero la pregunta que todo el mundo se hace (basta una búsqueda en Twitter para confirmarlo) es ¿por qué Eusko Ekintza? ¿Cuál es su peculiaridad, ideológica o práctica, que les hace no “sentirse representados” por Sortu, EA o Aralar?

Un primer vistazo a su documento de presentación no da respuestas a esta duda. Se definen como “anticapitalistas, de izquierdas e independentistas”. Buscan “la consecución de un nuevo sistema económico, social y político”. Denuncian “la opresión y asimilación económica, política y cultural” del pueblo vasco. Y en lo referente a ETA, rechazan “todas las violencias”, pero entienden que “Los abusos y crímenes del estado están quedando sin castigo”, y exigen la “amnistía para todos los presos y refugiados políticos”.

Hace falta hilar fino para empezar a encontrar matices diferenciadores. Por ejemplo, afirman que su partido “sí coincide con el resto de formaciones de la izquierda abertzale en lo que históricamente han sido sus objetivos generales, la independencia y el socialismo, con la particularidad de que creemos en un socialismo que esté basado en un fuerte sector público, comunitario y cooperativo” (negritas nuestras). En el ámbito organizativo, ponen el acento en su carácter asambleario, anunciando que no tendrán órgano directivo: “La asamblea será nuestra seña de identidad y nuestro norte, el trabajo compartido con los diversos grupos de izquierda y soberanistas (…) Nuestros militantes impulsarán el movimiento popular sin dirigismos ni ingerencias”, lenguaje que nos recuerda a los tiempos de Zutik, disueltos hace justo un año.

Sus promotores son en su gran mayoría antiguos miembros de la corriente de Bildu Ezkerretik Bilduz (Nekane Garmendia, Arritxu Santamaría), y anteriormente de EA (Peio Mari Olaeta, Santi Merino), movimientos anarquistas (Jakue Pascual) e independientes (Gotzone Rekondo, Enrique Lertxundi), que ya en las últimas elecciones pidieron el “voto crítico” (en eusk.) para EH Bildu, achacándoles enfocarse demasiado en el aspecto “institucional” y descuidar la relacion con los “movimientos populares” y con “otras formas de lucha” más allá de la institucional (lenguaje por el que fueron acusados en su momento de trotskistas).

Iremos descubriendo si la aparición de este nuevo partido supone algún cambio real en el escenario político vasco.