10 respuestas sobre estas elecciones vascas

A pocas décimas por recontar del resultado electoral, las respuestas a las 10 preguntas que realizaba en el anterior post están ya respondidas:

  1. ¿Ganará el PNV? Sí, ha ganado y claramente. Pese a que los primeros sondeos sembraban incertidumbre, finalmente han ganado a Bildu por 6 escaños y más de 9 puntos de diferencia. Íñigo Urkullu será lehendakari (no es que hubiera dudas, claro).
  2. ¿Ganará EH Bildu? No ha ganado. Y además, el PNV ha empatado con ellos en escaños en Gipuzkoa, y se ha quedado a 500 votos. Ha sido un gran resultado, pero sólo un escaño más de la suma de EH y EA en 1998, y muy lejos de los 26 de 1986. El tener que gobernar les ha pasado factura, pero aún así pueden estar contentos. ¿Hará algo ETA a partir de aquí?
  3. ¿El PSE perderá o se desplomará? Decíamos que “la pregunta es si perderá 6 o 14 escaños de sus 25”. Ha perdido 9, con lo que no ha sido una debacle. Mi impresión es que Patxi López es mejor candidato que gobernante, y creo que eso ha tenido algo que ver. Está en buena situación para un nuevo bipartito con el PNV.
  4. ¿Será el PP decisivo? Por ahora no: en este momento están a un escaño de poder sacar adelante iniciativas sin la abstención de alguna otra fuerza. Pero el último escaño por Álava está a 400 votos de caer del lado del PNV quitándoselo al PSE, y si ocurriera, esa opción volvería a estar abierta. No es un mal resultado de Basagoiti, viendo lo difícil que lo tenían. Ahora pueden intentar presentarse como la oposición “constitucionalista” principal.
  5. ¿Aguantará Izquierda Unida? No ha aguantado. Ni IU ni EB; ambos han perdido, se han quedado sin escaño, y Mikel Arana, coordinador de Ezker Anitza, ya ha presentado su dimisión. Los tiros en el pie no salen gratis.
  6. ¿Continuará UPyD? Continuará. Gorka Maneiro seguirá ofreciendo un discurso muy distinto al del resto de partidos. Habrá que ver cómo gestiona el PP esa referencia, que seguirá causándole problemas.
  7. ¿Aumentará la participación? Lo ha hecho, pero muy poco: un punto menos de abstención, 34,17% frente al 35,32% de 2009. Sorpresa relativa.
  8. ¿Se votará con normalidad? Efectivamente, exceptuando el lamentable acoso a Patxi López, el resto de la jornada ha transcurrido con normalidad; ni siquiera los casos aislados de colegios electorales bloqueados con silicona que otras veces ocurrían. Ojalá se mantenga esta tendencia. Una Euskadi normalizada, pese a que las aspiraciones políticas de cada uno no estén satisfechas, sería una verdadera alegría para todos.
  9. ¿Qué opciones de gobierno quedarán abiertas? Siguen todas abiertas, pero Urkullu en su intervención ha hablado de un “gobierno sólido”; en este momento apostaría por un gobierno estable PNV-PSE.
  10. Y ¿quién de los participantes ha ganado la Porra Electoral Vasca? Absolutamente nadie. Sólo 8 personas acertaron los escaños del PNV, 5 los de Bildu, 3 los del PSE, y 5 los del PP, de 30 participantes. Era lo esperable; ninguna encuesta se ha acercado demasiado a los resultados.

A partir de aquí, a no ser que los 400 votos “colgantes” de Álava cambien algo cuando se escrute el voto exterior, el único debate importante que quedará será la formación de gobierno. Veremos si en este caso sí se cumplen las previsiones.

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La “mayoría natural” vasca

Durante el Aberri Eguna de 2009, el entonces lehendakari Ibarretxe afirmó que el PNV era la “Mayoría natural” vasca, y que el País Vasco era mayoritariamente nacionalista. Es curioso que el concepto había sido acuñado originalmente por Manuel Fraga tras la descomposición de UCD, refiriéndose a una supuesta mayoría de centroderecha entre los ciudadanos españoles.

En cualquier caso, la pregunta subyacente es ¿es cierto que el País Vasco es “mayoritariamente nacionalista”? ¿Se puede afirmar eso a tenor de los resultados de las elecciones? Si hablamos de la Comunidad Autónoma Vasca y de las elecciones al Parlamento Vasco (todos los resultados históricos de elecciones en la CAV están disponibles para consulta), la respuesta es claramente un “sí”.

Como ya hice en un anterior post, he clasificado en el eje nacionalista vasco/no nacionalista vasco a los partidos que han conseguido algún escaño históricamente así: nacionalistas (PNV, HB con sus distintas denominaciones, EE, EA, Aralar) y no nacionalistas (PSE, AP/PP, UCD y CDS, PC/EB, UA, UPyD).

En las primeras elecciones realizadas en 1980 el resultado fue claro: 70% de los entonces 60 escaños fueron para partidos nacionalistas. Podría pensarse en un “efecto rebote” derivado de la transición. Pero las tres elecciones siguientes mantuvieron esa misma tendencia: 65% en 1984, 69% en 1986 y 69% en 1990.

En la década de los 90 se mantuvo la supremacía nacionalista en escaños, pero se fue atenuando progresivamente: 55% en 1994 y 1998, 53% en 2001, y 52% en 2005. La tendencia a la baja era clara: el nacionalismo llevaba camino de perder esa mayoría en escaños que siempre había tenido en el Parlamento Vasco.

De hecho la perdió en 2009, con el 47% de los escaños, pero a estas elecciones no pudo concurrir ninguna denominación del HB original que llamó al voto nulo (y en efecto, éste subió del 0,79% de las elecciones anteriores al 7,79% en éstas).

Mañana se celebran unas nuevas elecciones, y pronto veremos cuál es el siguiente resultado de la serie. Pero las previsiones parecen apuntar a un nuevo repunte del nacionalismo. Aparte de lo que dicen las encuestas, hemos hecho entre unos amigos (más a modo de divertimento que otra cosa) una Porra Electoral Vasca en la que han participado unas 30 personas y cuyo resultado medio ha sido de PNV 28, Bildu 22, PSE 14, PP 9, IU 1, UPyD 1: 67% de escaños para el nacionalismo, rompiendo así de manera muy clara la tendencia que existía desde 1986. Otra porra, creada por Politikon, devuelve resultados similares, previendo para el nacionalismo un 65%.

Ahora bien, la existencia de esta mayoría es un simple dato, y no significa que exista una “exigencia democrática” a que gobierne un partido nacionalista. Se ha argumentado, por ejemplo, que una coalición transversal entre nacionalistas y no nacionalistas aglutinaría mejor la opinión de la mayoría de los vascos. No veo mucho sentido a entrar en ese debate: el gobierno será de quien consiga una mayoría suficiente a partir de los resultados de las urnas. Y eso lo veremos mañana.


Tres notas adicionales. He escogido las elecciones al Parlamento Vasco por parecerme las que mejor correspondían a la intención de los vascos sobre su propia colectividad, dado que las elecciones al Congreso de los Diputados están muchas veces influidas por otros factores. Es cierto que estas elecciones recogen resultados diferentes a los dados aquí: entre 1993 y 2004 los nacionalistas sólo obtvieron el 42% de los escaños, oscilando el resto de años entre el 52% y el 62%.

Por otra parte, obviamente esta “sensibilidad mayoritaria” traducida en escaños es únicamente sensible en la Comunidad Autónoma Vasca; los resultados en Navarra y el País Vasco-Francés (o Iparralde) dan un resultado claramente minoritario para el nacionalismo y empujarían sus cifras hacia abajo.

Y por último, sabemos que en la CAV el reparto de escaños no se corresponde con el voto popular dado que cada uno de los territorios tiene el mismo número de escaños (25 en la actualidad) a pesar de haber grandes diferencias de población entre ellos. Un cálculo por voto popular podría dar cambios importantes; intentaré hacerlo en algún momento.

Partidos vascos: hacia las cuatro patas

Escuché hace tiempo una hipótesis: el sistema de partidos vascos tendía a consolidarse en un esquema simple de “cuatro patas”, siguiendo los dos ejes básicos de nuestra política: nacionalismo (vasco) frente a no nacionalismo, e izquierda/centroizquierda frente a derecha/centroderecha. Si este esquema no se cumplía era en gran parte por el efecto distorsionador de ETA, pero una vez superado (al menos a efectos electorales) este factor, se vería una tendencia hacia esta situación.

Mi impresión es que nos estamos acercando a ello. Para ver cuál ha sido la evolución del sistema de partidos vascos durante estos años he recopilado los datos de partidos y escaños en las elecciones al Parlamento Vasco desde 1980.

Ha habido 9 elecciones al Parlamento Vasco. En 6 de ellas han conseguido escaño 7 partidos (curiosamente, excepto 1994 y 1998, en ningún otro año se han repetido los mismos partidos). Por el lado “nacionalista” se ha oscilado entre 3 y 4 partidos: el PNV (con su escisión EA), Euskadiko Ezkerra (hasta su absorción por el PSE), y HB/EH/EHAK (con su escisión Aralar). El lado “no nacionalista” (permítaseme esta denominación) ha tenido más movilidad: desde sólo 2 partidos (PSE y AP/PP) hasta 4, incluyendo a UCD/CDS, UA (la escisión regionalista alavesa del PP), PC/Ezker Batua (lo sitúo en el “lado no nacionalista” con dudas) y UPyD.

El otro eje ha variado también bastante: de 3 a 5 partidos que se reconocían en las izquierdas, entre una amplia variedad: HB/EH/EHAK, PSE, EE, Aralar, PC/EB y UPyD (incluyo también a EA aquí, por su tendencia socialdemócrata), y sólo de 2 a 3 más orientados hacia la derecha o centroderecha, entre PNV, AP/PP, UA y UCD/CDS (aunque éstos nominalmente se definieran como “centro”).

Como decía, ETA ha sido claramente un factor distorsionador. Han existido en varias ocasiones dos partidos nacionalistas de izquierdas, dado que EE o Aralar no podían integrarse en HB mientras ETA siguiera atentando. La situación de violencia traía consigo además un agudizamiento de posturas que, en mi opinión, no es descabellado asociar a la eclosión de UA o al cierto éxito actual de UPyD.

¿Qué ha ocurrido en estos últimos años? EE, que había tenido un número de escaños constante entre 6 y 9, decidió integrarse en el PSE. Los partidos de centro desaparecieron; el PNV fue recuperando el voto de su escisión EA, hasta que el cese de la violencia de ETA y la legalización de Bildu le permitieron aglutinar tanto a EA como a la escisión tardía Aralar (y a otros partidos extraparlamentarios). Y por último, IU/EB ha sufrido una escisión causada (como ya ocurrió en EE con Euskal Ezkerra, EuE) por la tensión entre nacionalistas y no nacionalistas en su seno.

Y, si el resultado acaba siendo el que parecen marcar las encuestas, nos acercamos ya mucho a este esquema de “cuatro patas”. El PNV se consolida como única fuerza nacionalista de centroderecha, con Bildu aglutinando casi todo el voto nacionalista de izquierdas. El PP consolida el voto de centroderecha no nacionalista, mientras que en la esquina del PSE hay sólo dos excepciones, ambas muy minoritarias: IU y UPyD.

Salvo estas dos excepciones (que ya veremos si son resistentes o efímeras), el sistema vasco parece consolidarse en estos dos ejes; “normalizarse”, me atrevería a decir. Y una vez pase el tiempo suficiente para borrar los efectos electorales de ETA, veremos más opciones de pactos que las que hemos visto hasta ahora (PNV-Bildu, PSE-Bildu, e incluso PNV-PP). El primer paso hacia esto será el 21 de octubre; veremos si no estamos desencaminados.

¿Traducir los topónimos?

Cuando comencé a escribir este blog, ya en el segundo post me encontré con una importante disyuntiva: ¿debía escribir “árbol de Guernica” o “árbol de Gernika”? Tomé una decisión para ese caso, pero me di cuenta de que no tenía claros los motivos, y no era capaz de fundamentar esa decisión. Por eso decidí intentar recopilar los argumentos que suelen utilizarse para defender la opción de, al escribir en castellano, traducir o no los topónimos surgidos originalmente en otra lengua (los llamados exotopónimos o exónimos).

Aunque este debate tenga una incidencia especial en España por razones obvias, es de índole mundial: tiene incluso su propio grupo de expertos en la ONU, la UNGEGN, que convoca cada cinco años una Conferencia Internacional sobre el particular, la United Nations Conferences on the Standardization of Geographical Names (UNCSGN).

Voy a tratar de esquematizar aquí las distintas respuestas que se han dado a esta cuestión (en su muy variada casuística), aplicarla después al caso vasco, y explicar finalmente cuál es las decisión que finalmente he tomado y en qué la baso.

Me ocuparé únicamente de los nombres de lugar creados originalmente en otra lengua que emplee el alfabeto latino (para evitar la compleja problemática de la transliteración y dado que, obviamente, no va a afectar al caso vasco).

Los exotopónimos que entran en el uso cotidiano de la lengua castellana pueden ser de varios tipos (los iré mencionando con una nomenclatura del estilo de Exo1, Exo2.1, etc):

  • Exo 1: Topónimos que nunca han tenido una versión en castellano. Obviamente se mantiene la versión original: Washington, Aalborg, Guimarães.
    • La ONU aconseja mantener en estos casos los dignos diacríticos (tildes, diéresis…) que aparezcan en las formas originales.
    • Aunque existen idiomas (letón, lituano, turco…) que adaptan  incluso estos nombres a la escritura propia, en la línea de lo que la Real Academia del Español actualmente está haciendo con los préstamos lingüísticos.
  • Exo 2:Topónimos que en algún momento han tenido una versión en castellano. Se dividen en:
    • Exo 2.1: Topónimos cuya forma en castellano ya no es habitual hoy día. El uso normal en castellano es mantener la versión original: Ankara (pese a haberse usado Angora), Maastricht (Mastrique), Canterbury (Cantuaria) o Toulouse (Tolosa).
      • En este caso el problema es que la apreciación de si una forma es ya o no “habitual” es subjetiva. Google da un millón de páginas en español para Gotemburgo, y millón y medio para Göteborg, por ejemplo. Pero al menos el criterio sirve como referencia.
  • Exo 2.2: Topónimos cuya forma en castellano es la habitual hoy en día. El uso normal en castellano es emplear la forma castellana: Londres (London), Luxemburgo (Lëtzebuerg), Colonia (Köln).
    • Hay que recordar, no obstante, que la ONU, en sus distintas conferencias, anima a la progresiva desaparición del uso de exónimos propios de cada lengua (y al uso general de las formas originales en todos los casos), sus expertos reconocen también que se trata de un objetivo muy difícil de lograr.
    • Exo 2.2.2: Aquí nos encontramos con una excepción. Desde el siglo XX hubo varios países que establecieron una forma oficial y solicitaron a la comunidad internacional que, en lugar de emplear sus distintos exónimos, unificaran el uso en esa forma. Ha existido en estos casos una tendencia crecente a mantener la forma original: Irán (desechando la forma tradicional en castellano Persia), Myanmar (Birmania, aunque nos aclaran en los comentarios que se trata de un caso especial), o Beijing (pese a que el uso aún oscila entre ésta y Pekín). Aunque es verdad que a veces se han adaptado estos topónimos, como Thailand (por el antiguo Siam), que en castellano se ha adoptado como Tailandia, y que en cualquier caso, organizaciones como la Agencia EFE han rechazado esta tendencia.

¿Cómo afecta todo esto a todo esto a los topónimos vascos? Veamos si podemos emplear este mismo esquema a ejemplos vernáculos del País Vasco:

  • Exo 1: Topónimos que nunca han tenido una versión en castellano. Esta situación no ocurre en ninguna de las provincias de habla vasca en España, debido a que durante los últimos siglos la única lengua oficial que ha existido en ellas ha sido el castellano, por lo que todos sus topónimos de una cierta entidad han adquirido versión en este idioma.
  • Exo 2:Topónimos que en algún momento han tenido una versión en castellano. Se dividen en:
    • Exo 2.1: Topónimos cuya forma en castellano ya no es habitual hoy día. Este caso es bastante común: son ya de uso cada vez más restringido formas como Baquio frente a Bakio (75.000 resultados en páginas en español en Google frente a 4 millones). Lo mismo Guecho y Getxo, Marquina-Jeméin y Markina-Xemein, etc. En cualquier caso, como decimos, ser o no de “uso común”, excepto en casos extremos, es ciertamente subjetivo; y para añadir complejidad, hay formas que se mantienen en uso fuera de la propia zona vasca pero que han desaparecido del uso dentro de ella.
    • Exo 2.2: Topónimos cuya forma en castellano es extremadamente habitual hoy en día. Hay casos innegables, como Vizcaya, San Sebastián, etc. En estos casos parecería de rigor emplear estas formas de manera habitual. Pero recordemos:
      • Exo 2.2.2: Muchas de estas entidades de población han hecho de la forma vasca de su nombre la única oficial (Bizkaia es un ejemplo claro). Se trata de un caso análogo a los países antes mencionados: si hemos abandonado Ceilán por Sri Lanka, siendo además un país extranjero, ¿no sería algo equivalente abandonar Vizcaya por Bizkaia, e igualmente con el resto de casos?

La RAE, como sabemos, aconseja emplear los exónimos (las formas castellanas) excepto en textos oficiales cuando los endónimos (las formas en la lengua original) sean las únicas formas oficiales (ver el caso de Lérida). Y es cierto que no le faltan motivos. Vizcaya es un nombre con siglos de antigüedad, una herencia cultural de un idioma que ha estado presente en la tierra vasca meridional por muchísimo tiempo, un hermoso fruto del contacto vascorrománico. Perderlo duele (un vascoparlante podría imaginarlo si, por reciprocidad, tuviéramos que renunciar a formas como Madril, Errioxa o la misma Espainia, dado que el criterio sería el mismo).

Por otra parte, es cierto que el criterio de la RAE no está siendo regular, como se denuncia en este artículo.  Se relegan los antiguos exónimos Siam, Ceilán o Angora frente a formas modernas como Tailandia, Sri Lanka o Ankara; sí se mantienen las formas antiguas Birmania o Bielorrusia en vez de las modernas (y solicitadas por los propios países) Myanmar o Belarus, y no se acepta la moderna Beijing, pero también se rechaza el antiguo Pequín, prefiriendo una tercera forma no tradicional como Pekín. Efectivamente, no hay un criterio claro.

En resumen: entiendo que quien use Gernika aún en castellano estará yendo a favor de las indicaciones de la ONU y de las de la propia población: mientras que quien use Guernica estará manteniendo una herencia cultural viva en la lengua castellana. Por ello, considero que no puedo criticar ninguna de las dos posturas; y en lo personal seguiré empleando (como he hecho siempre) unas u otras formas según mi intuición me dicte en cada momento.

Todo esto no agota el debate, en cualquier caso, que sois más que bienvenidos a continuar en los comentarios. Y me declaro expresamente abierto a cambiar de opinión, si alguien consigue convencerme.

De votos, encuestas y especulaciones

El día 5 comenzó la campaña electoral de las Elecciones de 2012 al Parlamento Vasco. Se trata de una elección con unas características que la hacen singular: la primera vez que se realizan desde el “cese definitivo de la actividad armada” de ETA, con su rama política nuevamente legalizada, y después del primer periodo de Gobierno Vasco no nacionalista de la historia autonómica del País Vasco.

Hay muchos detalles cualitativos interesantes, pero quiero comenzar hoy por los cuantitativos, dado que el mismo día 5 salieron publicadas las dos primeras encuestas de intención de voto (este año se prevé que la crisis reduzca el número de encuestas, por otra parte). La primera la publicó el diario abertzale GARA, y la segunda fue iniciativa del CIS.

Pese a que el Gobierno Vasco en teoría va recopilando los resultados de las encuestas, he hecho un pequeño experimento para poder visualizar más fácilmente la comparación entre ellos. Mi pobre dominio del Google Docs no me ha permitido llegar más que a esto (comparación de las dos encuestas realizadas hasta ahora con los datos de las dos últimas elecciones al PV, 2001, 2005 y 2009), pero creo que nos sirve para ir teniendo algunas ideas de tendencias.

  1. La victoria del PNV es segura. Las dos encuestas coinciden en el resultado. Bildu le quitará dos o tres puntos porcentuales comparadas con 2009, pero poco más. Esto nos llevaría a un escenario de gobierno jeltzale, o bien con el PSE, o bien en minoría con pactos puntuales (“aritmética variable”, que le dicen). Con las encuestas en la mano el PP no sería apoyo suficiente, y un pacto estable con Bildu no les beneficiaría. En mi opinión, el PNV se mueve este año con dos grandes claves: quiere dar imagen de moderación y responsabilidad, y quiere hacer pagar al PSE la que consideran una “traición” (aprovechar la ilegalización del principal partido abertzale para gobernar “contra la mayoría social“). Por ello no disputará el voto a Bildu. ¿Formaría gobierno con el PSE a pesar de ello? Quizás sí, si Patxi López desaparece de la escena. Ahora, si la “aritmética variable” le permitiera valerse del PP en ocasiones, creo que la opción por el gobierno en minoría sería muy clara.
  2. Bildu “irrumpe”; ambas encuestan le dan 22 escaños. De todos modos, viendo las cifras la sorpresa quizá no deba ser tanta. En 2005, la suma de EH Y Aralar dio el 14,77%. Sumando (un poco espuriamente, sí) el dato de EA en solitario en las anteriores sale un 21,46%. Hasta el 25-26% de las encuestas podría deberse al stock de votantes que estaban esperando al fin de ETA para poder votarles. Influirán bastante en la legislatura, pero no serán una pieza determinante, creo. Aún no es planteable un pacto con el PSE, aunque probablemente lo sea en el futuro (Cayo Lara ya ha dicho que IU ya contempla pactar con ellos).
  3. El desplome del PSE puede deberse en parte simplemente a la crisis, pero quedarse ahí sería quedarse cojo. El PSE tenía una gran opción de rentabilizar ese “tiempo de libertad” conquistado, pero Patxi López ha defraudado a propios y a extraños, sólo ha podido sostener su gobierno mientras ha convenido a un inteligente Basagoiti, y ha acabado aislado. Ni en resultados ni en imagen han sacado provecho de estos tres años, por lo que su caída (¿de 25 a 14 escaños?) es estrepitosa. Habrá que ver cómo se rehacen: ¿negándose a pactar con el PNV para obligar a éste a “echarse al monte”? ¿O dando imagen de responsabilidad, como en tiempos de Jáuregui (lo que tampoco le dio grandes beneficios en su momento)?
  4. Mi hipótesis era que el PP, gracias al buen manejo de los tiempos de Basagoiti, al efecto del cese de ETA y a una cierta apertura “vasquista” que ha liderado, mejoraría sus resultados. Pero se ha encontrado con dos contratiempos: la propia crisis y la mala imagen de Rajoy, y que los pocos pasos que ha dado en la gestión del cese de ETA se han interpretado como “traiciones” desde parte de su electorado (como el caso Uribetxebarria Bolinaga); ambas cosas habrían podido mover a un conjunto de votantes a una opción más “estricta” en este aspecto, como es UPyD. En cualquier caso, la encuesta de GARA le mantiene el mismo porcentaje de voto que en las pasadas (la del CIS le quita cuatro puntos, curiosamente), por lo que es posible que todos estos factores se hayan acabado por complementar mutuamente.
  5. En los minoritarios, vemos que la escisión de Ezker Batua en una rama “madracista”, separada de IU (“Ezker Batua-Berdeak”) y otra “oficialista”, dentro de IU (“Ezker Anitza”, “izquierda plural”) parece saldarse en contra de Javier Madrazo. Y el caso de UPyD es aún incierto: sus expectativas dependen de Álava. El CIS les da un 2,3% y necesitan un 3% para pasar el corte, y un 4% para igualar el resultado anterior. Probablemente, en números tan pequeños de votos, estamos tan dentro del margen de error que es muy difícil predecir nada.

Una última apreciación. Durante el debate de “Euskadi Pregunta” del día 5, a un periodista llegó a escapársele llamar al candidato del PNV “lehendakari Urkullu”.  Es un error muy significativo: éstas con las elecciones inciertas más ciertas que he visto en mucho tiempo. Los resultados pueden ser muy distintos, pero la consecuencia parece clara: el PNV volverá a gobernar y superarán este “paréntesis” bastante reforzados, quizás además a tiempo de rentabilizar el fin de la crisis económica. En ciertos aspectos, volvemos a donde estábamos. Pero de eso hablaremos más adelante.

(Nota: por dar un poco de humor, Nayermaster y yo hemos hecho una pequeña “porra de resultados“. Si alguien quiere probar suerte, ¡adelante!)